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EL REFUGIO

  • 4 ene 2016
  • 2 min de lectura

El sol del mediodía pegaba con fuerza en el pavimento. Tres personas esperaban el colectivo de la línea 4 sobre Mate de Luna. Dos esperaban de pie y la tercera a unos metros, intentando hacerse sombra con una estatua. Me sorprendió que en efecto ninguna hacía uso de las "comodidades" de los refugios de espera.

Evalué durante unos instantes el nuevo diseño capitalino para las paradas de colectivo y enseguida las razones se explicaron, al menos, por los siguientes puntos:

A- La cubierta de policarbonato que hace de protección de las lluvias no sólo es menor a su antecesor sino que el largo, separación y disposición de la misma van a contrapelo de la naturaleza de su función, asegurando la desprotección ante una precipitación que apenas supere la categoría de llovizna.

B- El techo junto con el plano posterior de protección (éste último un acierto) tienen además incorporado una trama metálica que aporta resistencia a las mismas y, de algún modo, tamizan la radiación solar. Ante radiaciones intensas como las de verano tucumano, ésta se vuelve insuficiente y eleva mucho la temperatura superficial acero inoxidable, material protagonista de los asientos, volviéndolo indeseable para sentarse. Una sugerencia sería incorporar asientos plásticos como la de los estadios de fútbol

C- Basta revisar modelos de otras partes del mundo para arriesgar que el largo de la parada debiera ser (donde el espacio lo permita) al menos igual al largo de un colectivo. Dicho gesto ayudaría a garantizar que tanto quien sube como quien desciende lo hagan protegidos en el refugio en, por ejemplo, un día de lluvia o que cuando la parada es utilizada por más de un colectivo en simultáneo.

Esto puede solucionarse fácilmente si se colocara apareados módulos, mejorando las condiciones de ascenso y descenso y aumentando la superficie destinada a información gráfica; hoy insuficiente y por ello creo poco clara. Trazado de los recorridos, infografías, posibles combinaciones, puntos de interés y datos de relevancia son sólo algunas de las posibilidades que se abren.

Lo enunciado es un ejemplo de un mobiliario urbano que se ha diseñado considerando muchos factores y ha relegado el más importante: el usuario. Un elemento que no se ajusta a las dimensiones de los distintos actores para los que son creados. Una estética más refinada y de mejores "líneas" no debiera ir en detrimento de las necesidades basales, más primitivas del objeto a diseñar. Esto distingue a quienes somos los encargados de equipar la ciudad con armonía, responsabilidad, y eficiencia.


 
 
 

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